Detrás de Después de Ti

Una historia de fe, música y servicio.

Mi historia ha transcurrido entre la música y la fe. Desde niña comprendí que una canción puede convertirse en oración y que una voz, cuando nace del corazón, también puede sostener a quien atraviesa el dolor. Con los años, esa certeza se volvió vocación: poner los dones que Dios me confió al servicio de quienes necesitan consuelo, compañía y esperanza.

Durante más de treinta años he acompañado a familias en despedidas, funerales y momentos de profundo dolor. En cada encuentro confirmé que mi voz no había sido dada solamente para cantar, sino también para abrazar corazones cuando las palabras ya no parecen suficientes.

Un camino que me fue eligiendo

No planeé dedicar mi vida al acompañamiento espiritual en el duelo. Como muchos músicos, alguna vez imaginé otros escenarios; sin embargo, la fe, la música y cada persona que encontré fueron mostrándome poco a poco dónde podía servir mejor.

Los primeros pasos

Desde muy joven estuve vinculada a la Iglesia católica: fui catequista y, a partir de los dieciocho años, comencé a cantar en parroquias, grupos de oración y comunidades religiosas. Durante años compartí con sacerdotes y personas de fe que fueron enriqueciendo mi formación espiritual. Sin haberlo planeado, la música comenzó a convertirse en una manera de orar y de acompañar.

Cuando el canto se volvió compañía

Al trasladarme de Neiva a Bogotá, ya siendo madre de mi primer hijo, comencé a trabajar de manera constante en funerarias. Cantaba en misas, novenarios y celebraciones en memoria de quienes habían partido. Con el tiempo propuse personalizar algunos momentos para que cada familia se sintiera realmente acompañada. Al finalizar, muchas personas se acercaban para llorar, abrazarme y contarme lo que habían sentido. Entonces comprendí que no solo estaba cantando: estaba acompañando una despedida.

Una misión sin distancias

Hubo ocasiones en las que  dos familias me necesitaban al mismo tiempo en lugares muy lejanos. Me dolía tener que decirle a una de ellas que no podía llegar y pensaba cuánto deseaba poder trasladarme de un lugar a otro para acompañarlas. Hoy, gracias a la tecnología, aquella idea que parecía imposible puede hacerse realidad: la música, la oración y una palabra de esperanza pueden llegar a muchos hogares, sin importar la ciudad o la distancia.

No elegí este camino. Con el tiempo comprendí que este camino me eligió a mí.

Cuando la vocación encontró un nombre

Después de Ti nació al comprender que aquel acompañamiento que durante tantos años pude ofrecer de manera presencial también podía cruzar distancias y llegar a quienes necesitan una oración, una canción o una voz cercana en medio del duelo.

Este proyecto reúne mi experiencia, mi fe y mi vocación para crear una comunidad donde cada historia sea recibida con respeto y sensibilidad. Su propósito es sencillo y profundo: que ninguna persona atraviese una despedida sintiéndose sola, y que el amor encuentre nuevas maneras de continuar expresándose después de la partida.

Ayuda a que el amor continúe expresándose después de la partida.